Hay una necesidad de viento
en la espalda, que empuja hacia adelante
en la cara, que refresca y advierte
que queda poco tiempo
Hay un intervalo exquisito
suele pasar de noche, afuera
uno, más cigarrillos
la impiadosa circunstancia
Hay un estoicismo
casi heróico
y un error recurrente
porque no tengo nada qué decir
(nadie dijo que debías ser feliz).
Y donde todo estalla.
Hay un amigo muerto, el único
el mundo es un lugar injusto
y algunos hermanos del alma
lejos, o no tanto
Eva y su dulzura en la miel
y mi torpeza, mi furia
y también mi estrella
mis palabras
La tranquilidad del verde
el cielo que veo, las lluvias
todavía puedo mirar arriba
los árboles
Y donde todo estalla.
Tal vez debería
debería dejar de escribir
ahora.
miércoles, noviembre 28, 2007
miércoles, noviembre 21, 2007
Stone wings
Un ángel con alas de piedra cuida mis manos, mis ideas, se hace un pensamiento recurrente, como tantos otros, buenos y malos. Lo presento, lo exhalo, lo quiero compartir - pero suele pasar, su esencia fue confundida, y por ende despreciada.
Cabe aclarar, yo no creo en ángeles, pero creo en las alas, esas que llevamos todos y pocos sabemos (aquí reniego a la humildad) usar.
Lo interesante es que sus alas expían las nuestras. Lo admiro por eso, por esa intrascendencia que a la vez representa tanto. Sí, por una estética rígida, tan bellamente difícil de apreciar. Porque allí hay un mensaje, hay una visión propia, clara; y ajena, predecible. Y porque busco, como siempre, es lo que hago, más visiones ajenas, y no las encuentro. Tal vez que no las encuentre es la ironía. Sus alas de piedra son un aviso, un sacrificio. Un no perder el tiempo. Él me dice, en palabras de otro, "¿Qué otra cosa hacer? Ya sabés perder...".
A veces preferiría estar en otro lado. Es cuando recuerdo que mis alas no son de piedra. Que puedo hacerlo, pero no lo hago; que tenga ese poder no implica que deba aprovecharlo. Menos aún si ese otro lado no es junto a los que tienen un sueño que alguna vez compartí y ayudé a construir, pero ya no tanto; no sería justo, nunca fuí así (algunas cosas somos siempre, quedan para siempre, eso es innegable), pese a cuánto me dañe, cuánto resigne. Hoy, en esta eternidad efímera, tal vez sí, mis alas sean de piedra, pero igual ángel, estoy intentando.
Cabe aclarar, yo no creo en ángeles, pero creo en las alas, esas que llevamos todos y pocos sabemos (aquí reniego a la humildad) usar.
Lo interesante es que sus alas expían las nuestras. Lo admiro por eso, por esa intrascendencia que a la vez representa tanto. Sí, por una estética rígida, tan bellamente difícil de apreciar. Porque allí hay un mensaje, hay una visión propia, clara; y ajena, predecible. Y porque busco, como siempre, es lo que hago, más visiones ajenas, y no las encuentro. Tal vez que no las encuentre es la ironía. Sus alas de piedra son un aviso, un sacrificio. Un no perder el tiempo. Él me dice, en palabras de otro, "¿Qué otra cosa hacer? Ya sabés perder...".
A veces preferiría estar en otro lado. Es cuando recuerdo que mis alas no son de piedra. Que puedo hacerlo, pero no lo hago; que tenga ese poder no implica que deba aprovecharlo. Menos aún si ese otro lado no es junto a los que tienen un sueño que alguna vez compartí y ayudé a construir, pero ya no tanto; no sería justo, nunca fuí así (algunas cosas somos siempre, quedan para siempre, eso es innegable), pese a cuánto me dañe, cuánto resigne. Hoy, en esta eternidad efímera, tal vez sí, mis alas sean de piedra, pero igual ángel, estoy intentando.
sábado, noviembre 17, 2007
Lesa
Lesa tus ojos son
como dos perlas
que acuna el dolor
Y hay un sabor a sal
serán los restos
de lo que pasó
y pasará
Mientras te nombran
caen las bombas
Lesa tu sombra
llora
Lesa tiene un crisol
de miseria
en papel de votar
Sabe es peor estar
entre las garras
de algún general
Y somos tantos
aqui intentando
calmar tu llanto
Lesa...
Lesa tu humanidad
paga las culpas
con hambre y dolor
Te tiran a matar
en parlamentos
que escupen terror
Nunca perdones
ni olvides tu nombre
tarde ya no serás
Lesa
---
Tema nuevo. Habla por sí solo.
como dos perlas
que acuna el dolor
Y hay un sabor a sal
serán los restos
de lo que pasó
y pasará
Mientras te nombran
caen las bombas
Lesa tu sombra
llora
Lesa tiene un crisol
de miseria
en papel de votar
Sabe es peor estar
entre las garras
de algún general
Y somos tantos
aqui intentando
calmar tu llanto
Lesa...
Lesa tu humanidad
paga las culpas
con hambre y dolor
Te tiran a matar
en parlamentos
que escupen terror
Nunca perdones
ni olvides tu nombre
tarde ya no serás
Lesa
---
Tema nuevo. Habla por sí solo.
martes, noviembre 13, 2007
Una excusa
Lunes, circa 22:30 hs. Un plug-off, lamentablemente cada vez más necesario, una excusa incendiaria. Una imágen recurrente (una frase redundante), mucho y tan poco en lo que pensar, una idealización, lo demás no importa, si no hay nada. Tribulaciones, abstenerse. Interpretaciones, adelante. A veces hay que darse cuenta que el mundo no gira en torno a uno.
...
Ángel, tus alas me matan, me niegan, y en un golpe de tus ojos caigo. Sos la justa verdad, no voy a esperar más. Tu risa despiadadamente silenciosa, tu correctitud. Sí, lo absurdo sigue siendo lo más importante, lo inconciente, lo primal. La perspectiva del desastre siempre te seduce, nos seduce, pero la satisfacción, ya sabés, es leve, cada vez más. Igual vas a la carga, adelante, mientras antes falles mejor, más tiempo para endurecer otras alas, otras ilusiones.
Perdón, ángel, ahora ya sabés qué no esperar cuando tengas que enseñarme de nuevo a caer, y a levantarme.
Ves el aire?
Eso mata cuando no hay nadie.
Ves la sangre?
Es la nuestra. De quién más?
Perdón, ángel, tu cara de piedra no inspira más que al terror.
No es tu culpa, es de ellos. No lo niegues (tres veces por lo menos, seamos fieles), yo lo he negado ya porque así me lo dijo la pulsión. Aquí sí puedo ayudarte, y envejecer antes que vos.
No me mires, ángel, ese no es tu trabajo. Así no te enseñaron, pero es más fuerte que vos. Sí, yo quité los árboles de tu rostro, saqué la sombra que te quitaba justicia. Yo necesito tu justicia, tu implacable sien. No hay noche, ni fin de la noche, ni interminable víspera si no está tu frente concentrada en la mía.
Ángel, algún día otro será yo, y ya tendré mis alas de piedra. Y cuidaré de vos.
...
Ángel, tus alas me matan, me niegan, y en un golpe de tus ojos caigo. Sos la justa verdad, no voy a esperar más. Tu risa despiadadamente silenciosa, tu correctitud. Sí, lo absurdo sigue siendo lo más importante, lo inconciente, lo primal. La perspectiva del desastre siempre te seduce, nos seduce, pero la satisfacción, ya sabés, es leve, cada vez más. Igual vas a la carga, adelante, mientras antes falles mejor, más tiempo para endurecer otras alas, otras ilusiones.
Perdón, ángel, ahora ya sabés qué no esperar cuando tengas que enseñarme de nuevo a caer, y a levantarme.
Ves el aire?
Eso mata cuando no hay nadie.
Ves la sangre?
Es la nuestra. De quién más?
Perdón, ángel, tu cara de piedra no inspira más que al terror.
No es tu culpa, es de ellos. No lo niegues (tres veces por lo menos, seamos fieles), yo lo he negado ya porque así me lo dijo la pulsión. Aquí sí puedo ayudarte, y envejecer antes que vos.
No me mires, ángel, ese no es tu trabajo. Así no te enseñaron, pero es más fuerte que vos. Sí, yo quité los árboles de tu rostro, saqué la sombra que te quitaba justicia. Yo necesito tu justicia, tu implacable sien. No hay noche, ni fin de la noche, ni interminable víspera si no está tu frente concentrada en la mía.
Ángel, algún día otro será yo, y ya tendré mis alas de piedra. Y cuidaré de vos.
domingo, noviembre 11, 2007
Un acorde menor
Hace unos años que había una luna esperándolo. Su amor por ella era un acorde menor, un puñal de indecisión, de intempestiva libertad. Pero si cambiara el viento, sería el riesgo, lo fué, no lo volverá a ser; la luna era todo lo que necesitaba.
Para I y G. |
viernes, noviembre 02, 2007
Lobos y leones
Sí, han salido esta noche, como la anterior, como las pasadas, como lo harán las venideras.
Es un curioso respeto el que me atribuyo. No me siguen, no me huelen, no me sienten. O tal vez sí, pero sería extraño que en esta jungla particular, este bosque silencioso, esta ville des morts -casi una cosmogonía- la ley del más fuerte no existe.
No, precisamente, no soy el más fuerte.
Yace ahí el respeto que calculo. Que ahora analizo, como todo seudo placer intrínseco. Seguramente no deba, estoy perdiendo tiempo valioso. Pero volver a los vicios, esa nostalgia peligrosa, es tan... yo fuí uno de ellos. Deberían matarme, reclamar lo mío, pero no, debo ser muy humano para ellos ya, no soy un obstáculo.
Allí van ahora los lobos. Son bellos, saben lo que hacen. Hay algo de implacable en cada momento que conquistan. Quisiera volver a ser un lobo. A veces hablo con ellos, aunque no me comprenden. Yo sí. Creo que no conocen semántica alguna. Tal vez por eso dejé de serlo.
Y los leones. Nunca me han agradado. Pero están, también, de noche. A veces siento que me invitan, me reclaman. Yo, amablemente, los niego. Sigo mi camino. Cada vez me estiman menos. Sinceramente es una carga menos, me desligo de mis obligaciones de primer eslabón. Sí, siempre negué todo.
De vez en cuando lobos y leones se enfrentan. Y sí, prima lo salvaje. Aquello furtivamente estético que apreciaba, se hace trizas. Pero no elijo bando.
Yo no sé qué soy ya.
Tal vez la intervención que confunde, por suerte, del sol antes que la luna, aquella que trajo la Noche, como debió haber sido, haga más difíciles las cosas.
Por lo pronto, sé sentarme a esperar. Mientras pretendo que soy un lobo. O un león. Pero soy un hombre.
En esta ciudad de fieras
ya no soy el más feroz
Es un curioso respeto el que me atribuyo. No me siguen, no me huelen, no me sienten. O tal vez sí, pero sería extraño que en esta jungla particular, este bosque silencioso, esta ville des morts -casi una cosmogonía- la ley del más fuerte no existe.
No, precisamente, no soy el más fuerte.
Yace ahí el respeto que calculo. Que ahora analizo, como todo seudo placer intrínseco. Seguramente no deba, estoy perdiendo tiempo valioso. Pero volver a los vicios, esa nostalgia peligrosa, es tan... yo fuí uno de ellos. Deberían matarme, reclamar lo mío, pero no, debo ser muy humano para ellos ya, no soy un obstáculo.
Allí van ahora los lobos. Son bellos, saben lo que hacen. Hay algo de implacable en cada momento que conquistan. Quisiera volver a ser un lobo. A veces hablo con ellos, aunque no me comprenden. Yo sí. Creo que no conocen semántica alguna. Tal vez por eso dejé de serlo.
Y los leones. Nunca me han agradado. Pero están, también, de noche. A veces siento que me invitan, me reclaman. Yo, amablemente, los niego. Sigo mi camino. Cada vez me estiman menos. Sinceramente es una carga menos, me desligo de mis obligaciones de primer eslabón. Sí, siempre negué todo.
De vez en cuando lobos y leones se enfrentan. Y sí, prima lo salvaje. Aquello furtivamente estético que apreciaba, se hace trizas. Pero no elijo bando.
Yo no sé qué soy ya.
Tal vez la intervención que confunde, por suerte, del sol antes que la luna, aquella que trajo la Noche, como debió haber sido, haga más difíciles las cosas.
Por lo pronto, sé sentarme a esperar. Mientras pretendo que soy un lobo. O un león. Pero soy un hombre.
En esta ciudad de fieras
ya no soy el más feroz
jueves, octubre 25, 2007
Un rayo que corta la noche
Sería un hipócrita
si volviese a resignar mi libertad.
Si soy un rayo
que corta la noche
-sin vanidad, a voluntad-.
Si soy el riesgo,
el seguro riesgo.
El legado intermitente
de lo que ya he legado.
La parte oscura
en la luz más sublime
que robé de algunas alas
-sólo sé robar lo mejor-
para hacer efímera
otra queja más.
La angustia que crece
y no nos afecta
porque allá lejos
el mundo empieza
y termina,
pero aquí cerca
vive, transcurre
y me alimenta
de piedades
y crueldades...
Que imparto
con voz serena
con pulso firme
impredecible
por seis caminos
bestiales
y no hay
no hay incienso a mis costados
aún.
La rígida indiferencia
ya no hace mella
en lo que espero
en lo que soy;
vacío entrego
y recibo
a quien lo suscriba
si sé callar tan bien
y romper el silencio
tan mal
pero con tanta
verdad.
La honestidad
es mi peor virtud
y mi mejor excusa.
A veces es como yo,
corta la noche.
Ese rayo estremece,
luego calla
pero no por siempre
volver es hermoso
y terrible.
Hasta la última vez
que desmenuce el rencor
o se haga cielo,
tiene la capacidad
la irreverencia
la inútil audacia
y no sabe huir.
Voy con él
soy él
atravieso el cielo
otra vez más
hacia abajo
o arriba
ilumino y me incita
todo me lleva
soy veloz
prepotente
despiadado.
Hasta que no haya noches que cortar.
viernes, octubre 19, 2007
Ruidos de amor
El vaso lleno
no me recordó
esta sensación
un cambio de suerte
La imágen llegó
no sé bien quién soy
hay ruidos de amor
y silencios fuertes
Tu visión de un Dios
se privilegió
perdí otra razón
para sorprenderte
No somos pasión
ni aquí en la traición
el frío empañó
las ganas de verte
Las horas arden y tu risa es el final
Pero el silencio que imponés me hace temblar
Quiero escapar de mis voces que me dirán
Que las distancias se han marcado de verdad
La misma canción
otra distracción
el mismo rencor
que nos hizo perderte
La puerta se abrió
el umbral ardió
tus ojos cortaron
las sombras sin verme
Después de tu voz
el órden tembló
las cosas que hicimos
hoy rondan mi mente
Por última vez
dijiste al partir
la sangre se apaga
el dolor es por siempre
Por qué mis ojos se cierran con la verdad?
Y mis pulsiones se arrebatan sin andar?
Por estas noches mis sueños se van al mar
Donde los lobos no alcanzamos a aullar
---
Un tema hecho hace un tiempo, tal vez eventualmente sea un tema Null...
no me recordó
esta sensación
un cambio de suerte
La imágen llegó
no sé bien quién soy
hay ruidos de amor
y silencios fuertes
Tu visión de un Dios
se privilegió
perdí otra razón
para sorprenderte
No somos pasión
ni aquí en la traición
el frío empañó
las ganas de verte
Las horas arden y tu risa es el final
Pero el silencio que imponés me hace temblar
Quiero escapar de mis voces que me dirán
Que las distancias se han marcado de verdad
La misma canción
otra distracción
el mismo rencor
que nos hizo perderte
La puerta se abrió
el umbral ardió
tus ojos cortaron
las sombras sin verme
Después de tu voz
el órden tembló
las cosas que hicimos
hoy rondan mi mente
Por última vez
dijiste al partir
la sangre se apaga
el dolor es por siempre
Por qué mis ojos se cierran con la verdad?
Y mis pulsiones se arrebatan sin andar?
Por estas noches mis sueños se van al mar
Donde los lobos no alcanzamos a aullar
---
Un tema hecho hace un tiempo, tal vez eventualmente sea un tema Null...
domingo, octubre 14, 2007
Cicatriz
Tal vez a veces exagere. Tal vez me deba a un recurrente eufemismo. Tal vez las noches se empecinen en hacerme ver las cosas que quiero ver -y no necesariamente las que anhelo-. Tal vez siga reclamando cosas sin sentido, aunque tengan tanto sentido, tanta dedicación, aunque haya tanto frío y sea insondable, aunque piense que tengo tanto para dar y demostrar. Tal vez sí, esa marca sí es para siempre, y la lleve con amor y tristeza. Pero tal vez me siga equivocando, aquí, con mi sangre; y allá, donde no hay nada. Tal vez crea que soy quien no soy. Tal vez sea verdaderamente un hipócrita, y no un loco. Tal vez ya no tenga mas Milagros para dar. Tal vez no deba pensar tanto en ésto. Tal vez ya tenga los ojos cerrados hace tiempo.
No puedo guardarme rencores por eso.
Hoy se ha roto un sueño, otro más, y no, no es el mío.
[...]
Y soy toda cicatriz,
y toda herida abierta
[...]
Pero tal vez, tal vez a veces exagere.
No puedo guardarme rencores por eso.
Hoy se ha roto un sueño, otro más, y no, no es el mío.
[...]
Y soy toda cicatriz,
y toda herida abierta
[...]
Pero tal vez, tal vez a veces exagere.
martes, octubre 09, 2007
El sereno y la lumbre
Temprano adormecía, aunque ya el sereno asomaba reclamando lo suyo. La ciudad era sólo testigo. A veces tu eclipse me hace temblar, recordé, mirándolo, mientras incendiaba otro. Yo no enciendo cigarrillos, yo los incendio.
La lumbre presagió una bocanada. Pero el humo no era nada allí, ya la bruma, como debía ser, abrumaba. El sereno aceptó la ofensa, la primera. Las estrellas no se esforzaron demasiado. Mi lumbre contestó. Un circulo de tiza rodeó la ciudad, como tantas veces, para que aquel boulevard sin nombre, tan cercano, aquella esquina en la cual ya los ruidos de la Metrópolis -nadie dijo que el ego fuera malo- que de tanta indiferencia aturdían, se hiciera cenizas. Ante la doble irrealidad de una sonrisa, casi cancelando, casi real.
Mi fuego, discreto pero constante, insistió. Yo no soy quien para juzgar a la luna, no, pensé. Es que hasta la luna sabe traicionar había dicho alguna vez; para variar, en esa semántica rígida, impersonal y fría, perdía. Pero qué sentido tenía la ciencia, es más, que sentido tenía ganar o perder allí... si la victoria es para uno solo.
No recaí, Carpe nocte, por lo menos concientemente. Yo tengo algo para él, él tiene tanto para mí, para nosotros. Siempre, por lo menos, iluminando las veredas, las calles del pensamiento. Tiempo, tiempo es lo que da, lo que le sobra. El sereno es generoso. Caminando acompaña, deteniéndome también. Y ahora mi lumbre se somete a ello, porque debe, porque tiene, porque nos gusta.
Lo bueno de todo esto es que todos pueden llamar al sereno. Sólo basta con incendiar un cigarrillo y levantar la mirada.
La lumbre presagió una bocanada. Pero el humo no era nada allí, ya la bruma, como debía ser, abrumaba. El sereno aceptó la ofensa, la primera. Las estrellas no se esforzaron demasiado. Mi lumbre contestó. Un circulo de tiza rodeó la ciudad, como tantas veces, para que aquel boulevard sin nombre, tan cercano, aquella esquina en la cual ya los ruidos de la Metrópolis -nadie dijo que el ego fuera malo- que de tanta indiferencia aturdían, se hiciera cenizas. Ante la doble irrealidad de una sonrisa, casi cancelando, casi real.
Mi fuego, discreto pero constante, insistió. Yo no soy quien para juzgar a la luna, no, pensé. Es que hasta la luna sabe traicionar había dicho alguna vez; para variar, en esa semántica rígida, impersonal y fría, perdía. Pero qué sentido tenía la ciencia, es más, que sentido tenía ganar o perder allí... si la victoria es para uno solo.
No recaí, Carpe nocte, por lo menos concientemente. Yo tengo algo para él, él tiene tanto para mí, para nosotros. Siempre, por lo menos, iluminando las veredas, las calles del pensamiento. Tiempo, tiempo es lo que da, lo que le sobra. El sereno es generoso. Caminando acompaña, deteniéndome también. Y ahora mi lumbre se somete a ello, porque debe, porque tiene, porque nos gusta.
Lo bueno de todo esto es que todos pueden llamar al sereno. Sólo basta con incendiar un cigarrillo y levantar la mirada.
domingo, septiembre 30, 2007
Fading out into the night
Hoy fue difícil hablar. Aunque las horas dijeron que serían dueñas de decidir eso.
Pero vencí el despotismo de las horas desde el momento que en vez de hablar pude escuchar. Lo hago con facilidad, lo disfruto, "knowledge speaks, but wisdom listens". Escuchar es un arte. Requiere, como todo arte, amarlo. Pocos aprecian eso, pocos.
Frente a mí, entonces, se desata una tormenta extrañamente calma, la elocuencia de su dolor fue siempre inexpugnable, y estiré mis manos más de una vez, antes, ahora, y volveré a hacerlo, para cubrir el dolor. Con la insignificancia y la impotencia característica de, sí, de mis manos, vehículos de algunas de mis emociones más primales.
Jamás logré, y asumo lograré algo. Pero simplemente tengo que hacerlo.
Y la tormenta fue tan calma como la que yo he desatado en algún tiempo, o como aquella que he estado gestando; pero la vida me dice que es la misma, con otros vientos. Esos vientos que no secan las lágrimas, sólo las llevan a otro lado. Y creo, creo que al final estas tempestades no son purificadoras.
Veo esa marea, ahora, la que el no saber mirar me ocultó mucho tiempo; aunque esas aguas ya, naturalmente, conocía. Veo que las verdades incendiarias que me rodean, verdades que entiendo y comprendo, hacen de todo lo que conocía y construímos, algo tan frágil. Veo como cae, como termina. Me quiero hacer fuerte ahí, donde el cielo se precipita con una violencia atroz sobre una Ciudad, sobre Adan, sobre Eva, y no habrá tiempo para la Bruma, ni para estar Entre mareas, ni para escuchar a La Noche otra vez hablarme de ella, eso que tanto me gusta, y recordarla en aquel sueño cuando su sonrisa fue todo. Aquí ya no me quedan más Milagros, no, aquí no depende de mí.
Prometí olvidarme, y no lo estoy haciendo, y tal vez falle en mi promesa. Pero es más el dolor con la ausencia, mucho más, eso lo aprendí. Siempre serás mi inspiración, y eso no puede ser malo, para nadie. Porque hay cosas que quedan, uno lo sabe, en la piel. Pero en el silencio, en la consecuencia, en la decisión, yo ahora intento, lentamente o ya, desvancerme en la noche de los tiempos. Me llevaré mis seis cuerdas, lápiz y papel. Y allí, escribiré canciones...
lunes, septiembre 24, 2007
Actualización para la interpretación semántica I
La Vanidad aquí es coherente -a prueba de anti-metáforas-.
Saludo a los dignos.
Saludo a los dignos.
viernes, septiembre 14, 2007
Take a second look
La negrura del lugar era imposible, al azar quedan detalles evidentes que esta memoria distraída no guardó. Estaba yo en plena inspiración, dueño del groove más infernal, aquel que se hace fuego entre las cuerdas, aquel que agita el aire del lugar.
Una voz gruesa y familiar, inconfundible, un cigarro, whiskey santo, del mejor. Un justo, un pecador, la indiferencia, una cadencia (aquí no importan las palabras), y una sonrisa franca, pero atroz.
Between the crowd, unos ojos, la mirada, no expresión; y otra vez el mismo hechizo de mi ciencia me sacó.
La pregunta del Hombre me volvió a una realidad;
-Luth, there’s blood on your guitar...
-That ain’t blood, that’s just my soul foolin around - pude explicar, y el humo del cigarro se hizo cargo del local...
Apurando el viejo whiskey, y el blues en complicidad, el Hombre Sin Dolor me segundó, siempre un paso adelante, y sentenció,
-Take a second look...
Una Gran Lady tan bestial, un marco rojo sin igual, y otra mirada tan atroz, y tan fugaz. Lo salvaje del momento le dió impulso a aquel compás, la llama ardio más, y más, y más, y dí por tierra algún prejuicio para el caos desatar. Y llego El Otro, del averno más profundo, y sin dudarlo se puso a bailar. Allí la noche se hizo trizas, otra vez, descansando entre vapores de alquitrán, destilando licores infernales que jamás pude negar. Un clímax interminable, otra sonrisa, inexpugnable, la crudeza más deseable que jamás quise explicar. Arder era la consigna, la misión, la salvación; demoliendo meridianos, la ciudad no despertó, y a aquel viejo tugurio la cordura no volvió.
Y como dos noches atrás, en soledad, me fuí por un siniestro callejón,
Just the moon, me, and my guitar...
---
13/04/06
Una voz gruesa y familiar, inconfundible, un cigarro, whiskey santo, del mejor. Un justo, un pecador, la indiferencia, una cadencia (aquí no importan las palabras), y una sonrisa franca, pero atroz.
Between the crowd, unos ojos, la mirada, no expresión; y otra vez el mismo hechizo de mi ciencia me sacó.
La pregunta del Hombre me volvió a una realidad;
-Luth, there’s blood on your guitar...
-That ain’t blood, that’s just my soul foolin around - pude explicar, y el humo del cigarro se hizo cargo del local...
Apurando el viejo whiskey, y el blues en complicidad, el Hombre Sin Dolor me segundó, siempre un paso adelante, y sentenció,
-Take a second look...
Una Gran Lady tan bestial, un marco rojo sin igual, y otra mirada tan atroz, y tan fugaz. Lo salvaje del momento le dió impulso a aquel compás, la llama ardio más, y más, y más, y dí por tierra algún prejuicio para el caos desatar. Y llego El Otro, del averno más profundo, y sin dudarlo se puso a bailar. Allí la noche se hizo trizas, otra vez, descansando entre vapores de alquitrán, destilando licores infernales que jamás pude negar. Un clímax interminable, otra sonrisa, inexpugnable, la crudeza más deseable que jamás quise explicar. Arder era la consigna, la misión, la salvación; demoliendo meridianos, la ciudad no despertó, y a aquel viejo tugurio la cordura no volvió.
Y como dos noches atrás, en soledad, me fuí por un siniestro callejón,
Just the moon, me, and my guitar...
---
13/04/06
sábado, septiembre 01, 2007
Vamos
Vamos, vamos, que a pesar de todo nada acaba, y hoy dará paso a mañana, y mañana también será pasado. Mientras tanto, cobijado entre cirujas y gitanos, aunque no entienda sus palabras algo hablan, y mi alma calla, y me arrepiento de nada. Que por pudor nunca quise escribir un tango, y hoy soy barrio y noche, bandera y canto, sonrisa y llanto. Que la muerte es el negocio equivocado, en tanta vida, aunque cruda y despiadada, aunque triste o agotada, aunque bella y necesaria, es vida, buena o mala. Vamos, vamos, que el gatillo entre mis manos ha estallado, pero sólo porque así me han obligado. Que no soy libre de culpa, ni de cargo, pero igual descanso. Que sólo importa que ya nadie entienda nada, como antítesis de un plagio necesario. Porque mis frases son sólo palabras con poco significado, o tanto. Vamos, vamos, que nos mentimos sólo por no matarnos, que entre un mañana y cuatro meses sólo hay llanto. Que rara vez me equivoqué al contemplarlo, es un orgullo tan absurdo y tan lejano. Vamos, vamos, que de divino no nos queda ya ni el vino, pero igual disfruto más el ser humano; aunque no entienda donde van, igual, ahí vamos. Si sé que siempre me acompaña un viejo hermano, que no está pero lo encuentro en cualquier lado; que la distancia, o circunstancia, ha separado. Que entre las cuerdas, tanto tiempo hemos dejado, tanta alma, tanto llanto. Vamos, vamos, que ya no hablamos, no callamos, no estamos. Porque yo elijo el camino, y lo desando. Y si hay espinas, las haré tierra con las manos, para sembrar algún pasado. Pero no esperaré allí, del otro lado, porque el camino sólo acaba cuando ya no andamos. Vamos, vamos, que todavía no olvidé algunas palabras, y si pudiese, igual no cambiaría nada, porque la vida no es casualidad ni acaba si al final nos conforma casi nada. Que yo admito que también me he equivocado, desde el primero hasta el último presagio, si es lo que hace falta para seguir andando. Y por supuesto, las que arden son mis manos. Vamos, vamos, que aún no tengo nada en claro, ni cómo hacer para ser tanto, o tan poco, o ser algo. Que los silencios son hermosos pero en vano. Aunque sea lo mismo callar o decir algo. Vamos, vamos, que otra prosa tan infame me ha ganado; y lo mediocre es jamás haber luchado. Y que a veces lo mejor es olvidar, pero no tanto. Entonces tal vez algún ciruja, con alma de gitano, entienda de qué hablo. Mientras tanto, vamos.
17/04/06
17/04/06
Silencio (autocrítica imperfecta)
Canto los versos que quiero oír, que pretendo interpretar. Escribo lo que quiero leer, o intento confundir para no equivocarme jamás. Las notas que salen de mis dedos sobre las cuerdas son las que sé me haran arder. Me declaro La-menor-obseso, mi patología es La Ciudad de los Muertos. La escena es grotesca, por lo menos; el negro no ayuda.
Sin embargo me permito presumir. Asumir. Prejuzgar. Avergonzarme, no arrepentirme, como precepto, norma, estupidez. Sacar conclusiones apresuradas, mi peor error: pocas veces me equivoco -la sinceridad y la modestia son virtudes que suelen confrontar, pero yo, modesta y sinceramente, descanso en una tranquila neutralidad- y suelo escapar antes de lo mejor del juego.
Esta es mi declaración, tan infame como cualquier otra. Y aunque a veces callo cuando debo hablar, me hago cargo de mi verdad, la sostengo como bandera y bastión, la defiendo con sangre y lágrimas. No aprendí a hacerlo de otra manera.
Y en búsqueda interminable, transitando por los senderos virtuales de la utopía, en pugna constante por la estética pletórica y suprema de las palabras y el sonido, y algún inalcanzable destinum magnus, aprendí, mejor tarde que nunca, que el silencio, pocas veces ponderado, es la traición más hermosa que existe.
Entonces me alío con el silencio. Y lo traiciono. Y me traiciona. Y la epifanía sobreviene. O se oculta más aún, hasta algún nuevo comienzo, esperando que el engaño sea perfecto, imperceptible. Nunca lo es, sin embargo. Pero eventualmente, ardemos.
Nos regimos por el caos, es cierto. Nunca aprendí a encender un fuego que se declare perenne sin esa chispa, que surge de romper esquemas y cuestionar el órden que uno mismo se estableció. Resignando nuestra coherencia, por supuesto, al querer construir lo eterno demoliendo nuestro último mejor intento. A veces lo absurdo resulta ser que volvemos al mismo órden, pero con alguna cicatriz más, generalmente en el orgullo, algunas veces en el corazón, otras tantas en la misma piel. Pero es el camino que elegimos y lo recorremos incansablemente, pocas veces pensando qué habrá más allá, si no abrazando lo que hay aquí, en cada paso. Siempre buscando las palabras, los sonidos. Pero en silencio.
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09/04/06
Sin embargo me permito presumir. Asumir. Prejuzgar. Avergonzarme, no arrepentirme, como precepto, norma, estupidez. Sacar conclusiones apresuradas, mi peor error: pocas veces me equivoco -la sinceridad y la modestia son virtudes que suelen confrontar, pero yo, modesta y sinceramente, descanso en una tranquila neutralidad- y suelo escapar antes de lo mejor del juego.
Esta es mi declaración, tan infame como cualquier otra. Y aunque a veces callo cuando debo hablar, me hago cargo de mi verdad, la sostengo como bandera y bastión, la defiendo con sangre y lágrimas. No aprendí a hacerlo de otra manera.
Y en búsqueda interminable, transitando por los senderos virtuales de la utopía, en pugna constante por la estética pletórica y suprema de las palabras y el sonido, y algún inalcanzable destinum magnus, aprendí, mejor tarde que nunca, que el silencio, pocas veces ponderado, es la traición más hermosa que existe.
Entonces me alío con el silencio. Y lo traiciono. Y me traiciona. Y la epifanía sobreviene. O se oculta más aún, hasta algún nuevo comienzo, esperando que el engaño sea perfecto, imperceptible. Nunca lo es, sin embargo. Pero eventualmente, ardemos.
Nos regimos por el caos, es cierto. Nunca aprendí a encender un fuego que se declare perenne sin esa chispa, que surge de romper esquemas y cuestionar el órden que uno mismo se estableció. Resignando nuestra coherencia, por supuesto, al querer construir lo eterno demoliendo nuestro último mejor intento. A veces lo absurdo resulta ser que volvemos al mismo órden, pero con alguna cicatriz más, generalmente en el orgullo, algunas veces en el corazón, otras tantas en la misma piel. Pero es el camino que elegimos y lo recorremos incansablemente, pocas veces pensando qué habrá más allá, si no abrazando lo que hay aquí, en cada paso. Siempre buscando las palabras, los sonidos. Pero en silencio.
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09/04/06
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